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Razones para recuperar la gastronomía tradicional

Razones para recuperar la gastronomía tradicional

 

En un mundo cada vez más globalizado y homogéneo, la gastronomía es reemplazada por el fast-food. La vertiginosa vida profesional, los deberes laborales, los compromisos personales o las ocupaciones familiares nos conducen al "facilismo" culinario.

Muchas veces a la semana pasamos por el fast-food, compramos la cena pre-cocida y la metemos al microondas. Vamos al supermercado exploramos en la sección de congelados, escogemos el platillo ideal y lo comemos en casa o el trabajo. 

Estos hábitos nos alejan de la verdadera gastronomía tradicional. Aquella que se prepara en casa con los ingredientes frescos, crudos y salpimentados según los secretos de una receta espectacular. Deseamos comer saludable y rico pero nos alejamos de los platillos sanos y balanceados. 

¿Cómo podemos cambiar esta situación? La gastronomía tradicional es la clave.

Recuperar la cocina tradicional

La recuperación y práctica de la gastronomía tradicional es una tarea obligatoria para mantener una alimentación sana. La cocina tradicional mantiene una armonía alimenticia. Muchos platillos respetan el equilibrio de la pirámide nutricional. Un buen plato se prepara con verduras crudas frescas, verduras cocidas gustosamente sazonadas, una presa de carne y una ración de carbohidratos.  Además, podemos controlar las cantidades de condimentos y sal.

Sin embargo, la comida de industrial y de los fast-food no respeta las porciones de verduras, las legumbres no son frescas, la carne son muy grasosas  o los carbohidratos necesitan cocciones extras para ser comestibles. Todos los alimentos llevan muchos conservantes, sobrepasan los límites saludables de sal y los postres son muy azucarados. 

Cuando vamos a comer un plato industrializado o fast-food creemos darnos un banquete saludable, pero nos alimentamos mal.

Fortalece los lazos familiares

La cocina tradicional fortalece las relaciones interpersonales. Cocinar no es un simple proceso de salpimentar, cocer, picar, rallar, licuar y servir. La buena gastronomía requiere la participación de la familia para sazonar el guiso, marinar la carne, controlar los tiempos de cocción y recordar los secretitos de las abuelas y de las madres.

"Mi madre prepara este plato de otra forma, pero me gusta cómo lo cocinas tu", son frases habituales que nacen al costado de una olla de guisos. 

El fast-food, lejos de fortalecer nuestras relaciones familiares, se limita burbujear y cocer tres minutos en el horno microondas. Además, no sabemos cómo se elaboró, qué recetas se emplearon o cuánto tiempo se conservaron los alimentos. Y si no nos gusta, lo terminamos tirando a la basura. Así tendremos dos escenarios lamentables: comida en el tacho de desperdicios y dinero malgastado. 

Revalora las identidades

La cocina tradicional representa un orgullo de nuestras naciones. Desde los tacos mexicanos, las sopas cazuelas chilenas, los asados argentinos hasta los guisos de Puerto Rico, la cocina tradicional revalora la identidad de los países, difunde la cultura y mantiene viva las raíces ancestrales.

Nos fascina preparar un platillo de nuestra tierra y sorprender los paladares de los amigos extranjeros. La simple frase "qué delicioso este guiso" nos inyecta orgullo y anima a cultivar las sazones regionales.

En cambio, con la cocina industrializada y de los fast-food solo nos diremos "pásame la mayonesa".  

La gastronomía tradicional ofrece muchas ventajas: es sana, balanceada, fresca y orgullosa. El fast-food nos provocará un daño a la salud. De ese modo, es importante cultivar y recuperar la cocina de su país.

Y no anteponga excusas como "no tengo tiempo. Ese plato es muy elaborado". Siempre nos queda un pequeño espacio del día para cocinar. Su cuerpo le agradecerá comer saludable. 

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