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Tu actitud en el restaurante y lo que dice de ti

Tu actitud en el restaurante y lo que dice de ti

¿Comentes muchas torpezas cuando estás comiendo en un lugar "chic"? Tus actos en un restaurante delatan tu personalidad y reflejan cómo eres.

Si llegas tarde a una cena y saludas a los comensales, buscas caerle bien a todo el mundo. Pero no caerás tan bien, pues tus manos están sucias y contaminas a los demás. Eres doblemente distraído: por llegar tarde y contaminar a todos.

Toda buena cena tiene sus partes: aperitivos, platillos y postres. Si te saltas el aperitivo, parecerás una persona impaciente y aburrida. Quieres ir directamente al centro de los asuntos pero no sabes cómo abordar. Mejor pide todo en un recipiente de plástico para llevar y vete a tu casa. 

El anfitrión de la cena o la comida decide cuándo empezar a comer. Si comienzas antes de la orden, todos te verán como hambriento de la velada.

En una cena o comida, las servilletas cubren las piernas. Si eres de las personas que  colocan la servilleta doblada al lado izquierdo del plato al momento de levantarse, eres elegante. Tu sabes manejar todas las situaciones de la vida. Desde las sencillas hasta las más complejas. 

El niño de cena

Si pides postres rimbombantes (helado de arándano, con pasas, mermelada, trozos de plátano caribeño, etc), serás visto como "El niño de velada": inmaduro y ligeramente molesto. Tus compañeros de trabajo no tienen empatía contigo.

Si comes y sorbes la bebida al mismo tiempo, eres un poco irritante. Un negado para la galas culinarias. Todos tus compañeros de mesa saldrán corriendo del restaurante.

Si haces un buen corte de las verduras y carnes al momento de comer, te verán como el experimentado de la cena. Este tipo de reuniones son asuntos cotidianos. Eres sofisticado, moderno, versátil y te adaptas rápido a los cambios. 

Si pides el plato más caro del restaurante, todos te verán como un comensal serio y que va directo al grano. No te distraen innovaciones ni experimentos con soufflés o carnes marinadas. Los platos caros demandan elaboración y buen gusto. Buen punto.

Cuidado con el meñique

El comensal que levanta el dedo meñique cuando toma una copa es visto como una persona que no tiene buen gusto y actúa frecuentemente con ridiculez. Cuidado con ese dedo meñique.

Si pides un buen vino, eres de una persona atenta y con estilo. Reflejas tu seguridad personal y  buen gusto. Una persona que le gusta tomarse las cosas con seriedad en el momento preciso.

Si olvidas retirar un cubierto dentro de una taza o un plato, eres un completo inexperto en las lides del buen comer. Eres el típico comensal inseguro que no sabe cómo manejar los cubiertos. Esto se puede reflejar en tu vida: no sabes ordenar tus cuentas, te avasallan los problemas y le cuentas a medio mundo que no puedes concentrarte.

El angustiado

Si tamborileas con los dedos mientras esperas la cocina, todos te verán como el impaciente de la velada. Eres un persona intranquila y angustiada. Nadie podrá predecir o imaginar tu comportamiento. Parecerá que el restaurante y que la compañía no te gustan. Si tienes suerte, no te dirán "apurado".

Si hablas en voz alta durante una cena en un restaurante, todos pensarán que tratas de llamar la atención. Eres una persona que le gusta figurar al menor éxito. Estamos seguros que publicas toda tu vida en Facebook (desde tus primer cepillado de dientes hasta tus dolores estomacales) y no conoces los límites entre lo personal y público. 

Si inicias una conversación relajada con el mozo al momento de pagar, todos te verán simpático. Eres una persona que hace amigos fácilmente y tiene muchos contactos en la vida.

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