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Insúltame gastronómicamente: Famosos insultos gastronómicos de la Argentina

Famosos insultos gastronómicos de la Argentina

 

Cada idioma tiene su glosario de palabrotas e insultos, cuyo único fin es el de lastimar o molestar al otro. Sin embargo, la ingeniosa cabeza de los argentinos ha ideado cientos de insultos gastronómicos,  en los que nombres de frutas, verduras y comidas varias son usados para degradar a los demás. Aquí les explicamos el origen de algunos de ellos y cuáles son las implicancias de que, por ejemplo, nos digan que somos unos verdaderos papafritas. 

 

SER UN ÑOQUI

¡Atención empleados públicos! Este insulto fue creado para aquellos trabajadores del gobierno que, sin mover un dedo, aparecen sólo para buscar su sueldo, sin haber trabajado el resto de los 29 días. Y justamente este día, el 29, es el día en que según la tradición todos los argentinos comen una porción de la clásica pasta italiana. En fin, si te dicen ñoqui ¡significa que sos un haragán!

 

SER UN PAPAFRITA

Este insulto viene del lunfardo. Se considera que un papafrita es un tonto con honores, al igual que un papanatas o un paparulo. La papa es un tubérculo que ha dado mucha letra para ofender al prójimo, pero también para elogiarlo (una mujer hermosa es una papa), para enunciar una verdad absoluta (aquí está la papa) o para decir que algo es muy fácil (ésto es una papa).

 

SER UN SALAME

Clásica expresión para nombrar a alguien que consideramos tonto. En lunfardo, se designaba salame (tonto, torpe) al primer novio que una chica llevaba a su casa. También la palabra salamín se refiere a un tipo atolondrado, olvidadizo y despistado.

 

SER UN PEREJIL

Todo comenzó en los años 70's. Dado su escaso valor, el perejil solía ser un bonus que el verdulero metía en nuestra bolsa de la compra cuando no tenía monedas para dar el vuelto. Es decir, que da lo mismo si está o no. Es tan poca cosa que ni regalado le damos importancia. ¡Devastador!

 

TENER CABEZA DE MELÓN

Para disfrutar un melón, hay que ahuecarlo. Pues bien, cabeza de melón significa alguien que tiene la cabeza hueca, pero también se refiere a alguien que es testarudo y empedernido.

 

¡QUÉ PANDULCE!

Esta expresión se popularizó gracias a un spot publicitario de la marca de panificados Pamela en los años 80´s, donde una mujer entraba a un local vistiendo un pantalón blanco muy ajustado y alguien gritaba "Pamela, "¡qué pandulce!", aunque pandulce ya figuraba en el diccionario de lunfardo como sinónimo de asentaderas.

 

SER UN QUESO

En el argot futbolístico, designa a un jugador torpe, sin habilidad.

 

SER UN CHURRO

Esta expresión no es un insulto, sino un halago, ya que si nos dicen que somos churros nos están diciendo lindos.

 

SER UN BANANA

Un banana es una persona que cree que se las sabe todas.

 

SER UN NABO

Un nabo es un idiota, una persona muy tonta o distraida. También se usa la expresión naboleti, que es más amigable.

 

NO IMPORTAR UN PEPINO

Esta expresión coloquial significa que algo no nos interesa demasiado o no le damos mucha importancia a una persona o una situación. Esta expresión en realidad se usa de forma incorrecta ya que proviene de una expresión de la Edad Media "valer menos que un pepión". El pepión era una moneda de cobre que se utilizaba en los intercambios comerciales de poca importancia.

 

Si todo este artículo te importó un pepino, ¡dejanos tu comentario!

 

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Técnicas de cocina

Tartiflette, una receta para los muy amantes del queso

 

Pan, patatas, bacon y, por supuesto, mucho queso. ¿Qué es? Una tartiflette en formato fondue, o dicho de otro modo, el paraíso de los muy queseros.

 

INGREDIENTES: 

  • 1 pan de campo o pan de pueblo.
  • 1 queso reblochon.
  • 15 patatas pequeñas.
  • 7 u 8 lonchas de bacon.
  • 3 dientes de ajo.
  • 1 cebolleta.
  • Sal gorda.
  • Aceite de oliva.

 

PREPARACIÓN:

1. Abre el pan por la mitad y vacía la base de miga con la ayuda del cuchillo de pan y una cuchara. En el hueco, coloca el queso. Tápalo de nuevo con la parte de arriba, envuélvelo por completo en papel de aluminio e introdúcelo en el horno a 180 ºC durante 30 minutos.

2. Mientras, pon a hervir 15 patatas pequeñas en agua salada.

3. Corta las lonchas de bacon en dos y extiéndelas. Cuando estén hechas, envuelve cada una de las patatas en uno de los trocitos de bacon y ponlas en una bandeja para hornear junto con los dientes de ajo machacados (sin pelar), un chorrito de aceite de oliva y sal. Hornea durante 20 minutos a 180 ºC.

4. Saca el pan del horno, ábrelo y espolvorea la cebolleta picada por encima del queso.

 

Sírvelo todo junto y moja las patatas en el queso antes de llevártelas a la boca. ¡Mmmh!

 

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Hum ,qué rico trago para degustar con amigos ,,Súper ¡Felicitaciones !

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